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Honremos a nuestros padres
Hola a todos. Es de todos conocido el Quinto Mandamiento: “Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da” (Ex. 20:12). Lo aprendemos desde la Escuela Dominical o en las clases de catecismo, si alguna vez fuimos católicos. Pero, ¿somos conscientes de lo que implica?, ¿de su importancia?, ¿lo recordamos a diario?
Hace unas semanas estaba buscando algunos datos acerca del líder indio Mahatma Gandhi y en Internet me encontré con que él honraba a sus padres y que en la cultura de la India los padres son casi venerados. Al leer esto pensé en todas las veces que en mi niñez, adolescencia o incluso aún en mi adultez le falté el respeto a mis padres y no pude evitar sentirme mal.
Como cristianos, sabemos que solamente al Señor se le debe veneración, pero si pensamos como enseña la Biblia que ellos son el reflejo de Él, sí es un deber honrarlos. ¿Cuántas veces hemos discutido con ellos, hemos menospreciado su punto de vista o los hemos criticado sin misericordia? ¿Alguna vez nos hemos tomado el tiempo de reflexionar sobre esto?
Les confieso que la parte de la Biblia que más me cuesta entender es cómo yo como hijo debo honrar a mis padres sin importar lo que hagan. Aclaro que no es mi caso, gracias a Dios, pero ¿qué de aquellos casos en que un padre deja abandonada a su esposa e hijos por otra?, ¿qué de aquella mujer que convive con varios hombres a lo largo de su vida a vista y paciencia de sus hijos?, ¿qué de aquel padre que golpea y maltrata de palabra a su familia?, ¿qué de aquella madre que gasta su poco dinero en emborracharse? La Biblia habla de los hijos que avergüenzan a sus padres (Prov. 29:15), ¿y qué de los padres que avergüenzan a sus hijos? ¿Merecen ellos algún tipo de honra por parte de sus hijos, a pesar de su errático comportamiento?
La Palabra de Dios es firme y clara en sus ordenanzas: honrar a nuestros padres es un principio que no se discute. Se acepta y ya. Cuando nos preguntemos si vale la pena honrar a nuestros padres a pesar de los errores que como humanos puedan cometer, no los veamos a ellos, veamos a Dios, nuestro Padre Celestial. Él lo merece todo porque ha sido grandioso con nosotros, ¡más que grandioso! En nuestras fallas y debilidades, Él no nos ve a nosotros, ve a Su Hijo Jesucristo y se muestra espléndido para perdonar, restaurar y bendecir.
Bendiciones en Cristo,
Randall Antonio Morales Zumbado