martes, 9 de noviembre de 2010

Lectura Pi-k-x:T

Para el blog

Cuando con lo que hablás… o de lo que te reís

Un saludo para todos. Como creyentes, somos conocedores de la Palabra y de lo que Dios espera de nosotros. Un aspecto muy importante dentro de nuestra vida cristiana es cuidar nuestro testimonio ante el mundo y en eso va lo que hablamos. Sabemos que de nuestra boca no deben salir palabras corrompidas, sino aquellas que sean para edificar o bendecir a los demás (Ef. 4:29).
Sabemos que debemos cuidar lo que hablamos, pero ¿y de lo que nos reímos? Todos en el trabajo tenemos al típico compañero (casi en un 100 % de los casos es un hombre) que le encanta pasarse de gracioso con palabras, frases y chistes de doble sentido o abiertamente obscenos. Y todo su público le ríe a mandíbula batiente sus ocurrencias (incluso las mujeres, otrora más recatadas) ¿Cuál debe ser nuestra actitud ante esto? ¿Seguís el vacilón y te reís? ¿Te quedas oyendo? O más bien, ¿te señalan como el anticuado o el santulón?
Personalmente opté por retrasar mi hora de almuerzo para no tener que estar soportando una hora de malos chistes y expresiones vulgares. La Biblia nos advierte: “No erréis, las vanas conversaciones corrompen las buenas costumbres” (1 Cor. 15:33), así que es mejor cerrar nuestros oídos a ciertas conversaciones que no tienen ningún provecho sino que más bien nos dañan.
Recordá que las imágenes eróticas no entran sólo por la vista, también por los oídos. ¿Qué cosas provocan la risa en nosotros? ¿O más bien deberíamos llorar y lamentarnos por la falta de temor de Dios de quienes nos rodean y rogar por la conversión de ellos? Debemos tener cuidado no sólo de lo que hablamos sino de lo que escuchamos y vemos. Nuestra mente y nuestro espíritu nos lo agradecerán.
Bendiciones en Cristo,
Randall Antonio Morales Zumbado.

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